Encontrar vías de financiación es uno de los hándicaps más importantes a los que se enfrenta un empresario para constituir una pequeña empresa. La financiación bancaria continúa siendo el principal medio para obtener recursos económicos, aunque las condiciones para acceder a ella son cada vez más duras. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, han aumentado las opciones que tiene el empresario para encontrar recursos financieros. Opciones que muchas veces se desaprovechan por desconocimiento o por temor a explorar territorios menos conocidos.
En el 2024, la agrupación española de sociedades de garantía CESGAR publicó un artículo en su periódico económico “Expansión Start Up” en el que afirmaba que el 73% de las pymes encontraban obstáculos para su financiación. En el 2023, un 54% de las pequeñas y medianas empresas españolas necesitaron recursos financieros. Gran parte de ellas lo consiguieron, pero en unas condiciones peores de las esperadas: solicitud de avales y garantías, plazo más corto de devolución, alto coste económico.
Según CESGAR, el problema ahora mismo no se encuentra tanto en la dificultad para acceder a la financiación, sino en el encarecimiento de los créditos, los filtros que ponen los bancos para acceder a la financiación y las condiciones cada vez más duras que se imponen.
El artículo de CESGAR está redactado en un marco determinado. En el 2023, cuando la economía estaba saliendo del parón que representó la pandemia del COVID-19. Pero las dificultades de financiación son un problema estructural en la vida de las pymes. Siempre se necesitan recursos económicos para constituir una empresa, pero también cuando se afronta una ampliación, se acomete un nuevo proyecto o, simplemente, hay falta de liquidez.
Te comentamos diversas vías de financiación a las que tiene acceso una pyme.
La financiación bancaria.
En el marco de un seminario sobre financiación de pymes, celebrado en octubre del 2025, José Luis Escrivá, gobernador del Banco de España, presentó una exposición en la que afirmaba que el crédito bancario seguía siendo la principal fuente de financiación externa para las pymes españolas, aunque su peso ha disminuido considerablemente desde la crisis del 2008. La oferta está ahí, las entidades bancarias ofrecen préstamos a las empresas, pero se aprecian ciertas reservas, por parte de los empresarios, que no se percibían en épocas pasadas.
Muchos pequeños empresarios consideran que los bancos han endurecido los requisitos para conceder los préstamos, lo que les ha llevado a buscar otras alternativas de financiación. Aun así, cuando una empresa cumple las condiciones exigidas, los préstamos bancarios suelen ofrecer unos tipos de interés más competitivos que otras opciones del mercado.
Para aumentar las posibilidades de aprobación, lo más recomendable es acudir primero a la entidad con la que la empresa trabaja habitualmente. El banco ya dispone de información sobre la actividad del negocio, el movimiento de las cuentas y la capacidad de pago, aspectos que influyen en la evaluación del riesgo. También conviene informarse sobre las líneas de financiación con aval público, como los préstamos ICO, que se tramitan a través de entidades financieras y suelen ofrecer condiciones favorables.
La concesión de un préstamo depende, en gran medida, de la documentación presentada. El banco solicitará un plan de negocio realista, con previsiones de ingresos y gastos, así como una estimación de la rentabilidad del proyecto. Es habitual aportar presupuestos o facturas proforma que justifiquen el destino del dinero solicitado, ya sea para inversiones, compra de maquinaria, alquiler de un local o adquisición de mercancías.
La entidad financiera busca comprobar que la empresa podrá devolver el préstamo en los plazos acordados. Una planificación sólida y unas previsiones económicas bien fundamentadas aumentan las posibilidades de obtener financiación.
La autofinanciación.
En su exposición, José Luis Escrivá señalaba que las microempresas están recurriendo cada vez menos a la financiación bancaria y más a la autofinanciación. Es decir, al empleo de recursos propios para poner en marcha sus proyectos.
Cuando se trata de poner en marcha una pequeña empresa, para la que no es necesario efectuar un desembolso económico excesivo, el emprendedor puede destinar los ahorros de los que dispone para iniciar el proyecto.
Un ejemplo de ello es la capitalización del paro. La posibilidad de disponer de la prestación por desempleo a la que tiene derecho el trabajador, en un pago único, para emprender. La revista Recursos Humanos Digital informa que en el mes de mayo de este año, del 2026, 7.233 trabajadores desempleados capitalizaron el paro para hacerse autónomos.
Dentro de la autofinanciación, otra de las opciones a las que se suele recurrir es la de pedir dinero prestado a familiares y amigos. Siempre que sea posible, las condiciones para acceder a esta financiación son menos exigentes que las de un crédito bancario, se parte de una confianza previa y el margen de maniobra para devolver el dinero, en caso de que surja un imprevisto, es mayor.
Ahora bien, aunque pueda ser más accesible, la autofinanciación tiene sus complicaciones. Si estamos comprometiendo nuestros ahorros, incluida la capitalización del paro, nos estamos desprendiendo de nuestros recursos para hacer frente a las primeras etapas del proyecto. Algo bastante arriesgado. Nos lanzamos a emprender sin red. Pocos negocios rinden beneficios desde el momento 0. Por lo que no tenemos medios para autofinanciarnos, o los tenemos bastante esquilmados, hasta que la empresa comience a ser rentable.
Apoyarnos financieramente en nuestro círculo más cercano tiene el riesgo de romper o dañar relaciones consolidadas que van más allá del ámbito económico y que son importantes en nuestra vida. Este es un terreno en el que hay que andar con pies de plomo.
Búsqueda de subvenciones.
Esta es una vía, en mi opinión, desaprovechada. Nos cuentan los asesores de Next Ávalon, una agencia que se dedica a buscar y tramitar subvenciones para empresas y autónomos, que las administraciones públicas ponen en marcha multitud de programas de subvenciones a las que no acceden los beneficiarios por desconocimiento o porque se pierden en el bosque de los trámites burocráticos.
Para solicitar una subvención se requiere tiempo e inmediatez. Demorarse en el plazo de entrega de la documentación puede implicar la pérdida de un dinero al que se tiene derecho y que podría venir como agua de lluvia para la empresa.
En cuanto a las subvenciones, las hay que son sectoriales, que van dirigidas a un sector de la producción determinado, y otras que son generales. A las que tienen acceso la gran mayoría de empresarios y autónomos, siempre que cumplan los requisitos preestablecidos. Hay subvenciones que concede y gestiona el gobierno central, otras que establece el Estado y se gestionan por medio de las comunidades autónomas; subvenciones autonómicas (que muchas veces complementan o amplían las de carácter nacional) y subvenciones concedidas por las administraciones locales (ayuntamientos y diputaciones provinciales).
También hay subvenciones que implican la entrega de un dinero a fondo perdido (no es necesario devolverlas), créditos en unas condiciones favorables y exenciones fiscales. Toda una gama amplísima.
Las subvenciones y ayudas públicas están sujetas a unas condiciones y requisitos determinados. Tanto es así que, con frecuencia, el empresario debe justificar a la administración en qué ha gastado el dinero que ha recibido. También se suele efectuar un seguimiento para comprobar que los requisitos que dan derecho a la subvención se mantienen durante el tiempo que se está recibiendo la ayuda. Tanto es así que un incumplimiento o una variación de la situación de la empresa puede implicar la devolución de la ayuda o la retirada de la subvención.
El Crowdfunfding.
En los últimos tiempos se han desarrollado nuevas vías de financiación como el crowdfunding o micromecenazgo. Una opción que ha cogido fuerza en internet y que, como cuenta el blog de la empresa de seguros Generali, ya existen plataformas digitales que ponen en contacto a emprendedores con pequeños inversores o mecenas.
Con el crowdfunding, una empresa o emprendedor presenta su proyecto en una plataforma especializada para captar financiación. A cambio de su aportación, los participantes suelen recibir una recompensa, como el producto antes de su lanzamiento, descuentos exclusivos, ediciones limitadas o algún otro beneficio relacionado con la iniciativa. Además de recaudar fondos, el crowdfunding permite comprobar el interés que despierta un producto o servicio nuevo antes de lanzarlo al mercado.
Otra fórmula de financiación colaborativa, parecida al crowdfunding, es el crowdlending, basada en préstamos colectivos. En este caso, numerosos inversores prestan dinero a la empresa y esta se compromete a devolver el capital en un plazo determinado junto con los intereses pactados. Para los inversores supone una oportunidad de obtener una rentabilidad, mientras que la empresa accede a financiación sin recurrir a un préstamo bancario tradicional.
El crowdsourcing, otra opción de financiación colaborativa, no consiste en aportar dinero, sino en compartir conocimientos, recursos o trabajo. Las empresas colaboran con profesionales, proveedores o incluso con una comunidad de usuarios para desarrollar productos, resolver problemas o ejecutar determinadas tareas. Este modelo permite reducir costes, acceder a talento especializado y acelerar el desarrollo de proyectos mediante una colaboración abierta y flexible.
Una de las características que tienen estos sistemas de financiación es que parten de la colaboración de muchas personas. Es un modelo de financiación socializada. Muchos aportan un poco para poner en marcha el proyecto.
Capital riesgo.
El capital riesgo es el método de financiación que han cogido muchas startups tecnológicas. De hecho, por esta razón, este modelo de financiación alternativa se ha vuelto tan popular. El capital riesgo consiste en atraer socios capitalistas privados, que invierten en una empresa, por lo general incipiente, a cambio de participar en la propiedad de la compañía, obtener dividendos de los beneficios y, en algunos casos, ocupar puestos en los órganos de dirección.
Cuenta CaixaBank que las empresas que buscan financiación por estos métodos son empresas que no cotizan en bolsa, pero que realizan una actividad que con el tiempo puede reportar grandes beneficios económicos. Para el inversor representa un cierto nivel de incertidumbre, pero en el caso de que su apuesta salga bien, puede ganar mucho dinero.
Alrededor de esta alternativa financiera se han creado las Sociedades de Capital Riesgo, que son sociedades de inversión que invierten el capital de sus socios en empresas y proyectos cuidadosamente seleccionados. Digamos que es un modelo de inversión profesional. En el que participan inversores que están acostumbrados a asumir riesgos y que no se mueven por una rentabilidad inmediata.
Para que una pyme participe en este modelo, debe tener una propuesta de valor sólida. Debe convencer a los interesados de que va a proporcionar una alta rentabilidad en un plazo determinado. Por supuesto, tiene que saber vender la idea. Un plan de negocios elaborado al detalle no te garantiza inversores. Al inversor de capital riesgo no le interesa, en lo fundamental, saber en qué se está gastando su dinero, sino qué rentabilidad le va a dar su inversión.
Diversificar las fuentes de financiación.
Los expertos coinciden en señalar que, en estos momentos, es crucial para cualquier empresa, incluida una pyme, diversificar las fuentes de financiación. Es lo que en el lenguaje popular se llama “no tener todos los huevos en el mismo cesto”.
Es una de las enseñanzas más importantes que hemos aprendido de la crisis del 2008, la última gran crisis económica que hemos vivido la humanidad. En nuestro país, muchas empresas, sobre todo relacionadas con el sector de la construcción, vieron como de la noche a la mañana los bancos les cerraban las líneas de crédito. Lo que las condujo a su desaparición, o en el mejor de los casos, las dejó seriamente tocadas.
Para un pequeño empresario, tener toda la financiación concentrada en un solo punto, con una misma financiera o inversor, le facilita el trabajo. Sin embargo, aumenta su vulnerabilidad. La hace dependiente. Está a expensas de cómo se desarrolle su relación con este agente. Los retrasos en la devolución de los préstamos o una variación de sus condiciones económicas pueden acarrear la precipitación de problemas financieros en cascada.
Por esta razón es bueno que una pyme investigue diversas fuentes de financiación. Que no dependa de una sola. Es un salvoconducto que protege su supervivencia.